Archive for 17 noviembre 2010

Casas de Garcimolina

noviembre 17, 2010

Este finde por fin fuimos al pueblo del Polaco. Y la  verdad no defraudó, es más, estuvo de “puta madre”.

La cosa comenzó el viernes en los chinis  enfrente del Mc Donalds donde quedamos para repartirnos en los vehículos correspondientes y encaminarnos dirección Casas de Garcimolina. Una hora después ya nos estaban esperando en el pueblo el padre y la madre de Raúl y unos amigos con un suculento gazpacho pastor del cual no existe documento gráfico.  Dimos cuenta de esta maravillosa cena en uno de los bares del pueblo (de aquí en adelante le llamaremos bar de referencia) y como es habitual después vinieron los cafés, chupitos, los cubatas, más cubatas y más cubatas hasta que se nos empezó a calentar el morro.

Transporte de colchones hacía el horno


Foto de grupo

Esa noche ya en nuestro local de pernocta (el horno) la cosa fue ganando en emoción y el Picha empezó a contar como romper una alita de pollo o dedo, que para el caso es lo mismo. La exaltación de la amistad empezó a surgir, El Presi  empezó a brindar por la asistencia de las barones del Club, después él mismo y el Pichón empezaron  a tontear hasta que  El Picha cayó doblegado por su maltrecha rodilla. A partir de aquí comenzaron las discusiones de si  el Presi había utilizado sus técnica de arte marcial o si  había sido fruto de un mal movimiento. Mientras tanto el resto asistíamos a las discusiones animando la tensión  o calmándola según la cosa se ponía tensa. Para ello  el resto  de asistentes gritábamos “Sergio Presidente” para repudiar al Keny  o gritábamos “abrazo” para rebajar tensiones. A todo esto Guspy estaba atónito sin decir palabra pero no perdía ni ripio, la primera dama y Bea durmiendo pese a las voces de borrachos y Polaco feliz en su casita descansando.

 

Los abrazos  siempre rebajan tensiones


El número de cervezas aumentaba según pasaba la noche


Foto de los supuestos Barones del Club

Tras un grandioso desayuno al solecito mañanero   fuimos a conocer los alrededores del pueblo. En esta ocasión nos desplazamos en coche debido a la lesión del Picha caminando tan solo unos cuantos kilómetros para acercarnos a ver  un paraje conocido como la Peña el Verdinal  y Morro Gorrino. Ambos zonas de maquis durante la Guerra Civil.

 

 

 

Varias instantáneas de la zona  conocida como “Peña el Verdinal”

Posteriormente y tras algún debate que otro sobre si regresar a comer o no, nos dirigimos a conocer una pequeña cavidad de la zona conocida con el nombre de:  Cueva del Carrascalejo. De la cual salimos bastante tarde y con algo de hambre pero con algo más de felicidad aunque fuera un pequeño agujero.

 

Entrada a la cueva

Laura y Bea momentos antes del ataque de un murciélago

Guspy con su reluciente mono de espeleo

Godo, Polaco y Sergio  en la tercera sala

Ya de regreso en el pueblo y mientras amablemente Antonio y José nos preparaban la caldereta procedimos a darle cuenta a una barra de chorizo y a unas exquisitas patatas cocidas preparadas por la madre de Raúl  y aderezadas con un exquisito alioli de una amable vecina del pueblo. Después arrimados a la  lumbre porque hacía un poquito de frío.
Felices frente a la hoguera, mientras el resto viajaba de pueblo en pueblo para comprar tabaco.


Ya a eso de las 20 horas nos dirigimos al “Bar de Referencia” a darle fin a la maravillosa caldereta  y aunque el cansancio hizo mella en nosotros las damas del Club tomaron la delantera y rápidamente se animaron de cubatas, hasta llegar a obligar a la realización de una votación para elegir un nuevo presidente. Menos mal que no ganó el Culo de Manolo y salió reforzado el Keny.
Intento de pucherazo por parte de la Primera Dama

El Presi celebrando su reelección mientras es aclamado por sus seguidores

Foto final de cena

El domingo después de meternos unos bocatas en Cañete, volvimos a Cuenca  tras un buen fin de semana. Muchas gracias a los Padres del Polaco y las personas del pueblo que tan amablemente nos trataron.

A la espera de contracrónica.
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VALLE DE SOBA. CANTABRIA

noviembre 7, 2010

 

Después del primer viaje a Cantabria en mayo, nos dijimos que volveríamos pronto a intentar alguna cueva importante y en cuanto hemos podido hemos vuelto a intentarlo.

La intención era hacer la travesía Rubicera-Mortero de Astrana, pero la previsión meteorológica nos iba quitando las ilusiones ya que ponía mal tiempo para todo el puente. De hecho algunos pensábamos que no saldríamos de la cabaña de Pablo en todo el puente.

Tras un millón de horas de viaje y la correspondiente pateada por sendero encharcado (y con bastante acojone para subir con el Path hasta el parking), conseguimos llegar a la casa de Pablo sobre la una de la mañana. La decisión fue tomada al día siguiente en el desayuno por Kike,(que nos hizo de guía durante todo el viaje) y fue entrar por el mortero hasta el gran pozo de 178m ya que las entradas por las simas nos podrían dar muchos problemas con el agua.

Pues eso hicimos; tras un contundente desayuno, preparar los trastos y para la boca. La entrada es impresionante, y enseguida empezamos a rapelar los primeros pozos, para enseguida entrar en el cauce del rió Leolorna. Muy listos, nosotros fuimos sin el peto de neopreno y empezamos a meternos al agua hasta los tobillos. Había muchos pasos de oposición y varios pasamanos que te iban poniendo las pilas. Después nos encontramos otro pasamanos que según Kike, estaba instalado desde no hacía mucho tiempo y que era bastante técnico. Tiramos por el pasamanos en el que si no utilizabas bien la técnica y los empotramientos te quedabas colgado como un chorizo y sin fuerzas en los brazos, ya que hacían mucha flecha y con mucha inclinación. Después de penar un poco y mojándose unos mas que otros…llegamos a la cabezera del Gran Pozo , en el que acojona solo de estar allí. Tras la parada reglamentaria nos dimos la vuelta por el mismo sitio y fue donde los pasamanos nos dejaron tiernos.

 

Unas alubias aderezadas con vinate nos hicieron dormir sin dar mucha guerra.

El día siguiente fuimos a cuevamur, una cueva no muy visitada porque no es muy tocha pero con muchas y muy variadas formaciones, destacando sobre todo las excentricas que había por muchos sitios.

Si en el mortero la dificultad fueron los pasamanos, en cueva te dejaban suave las gateras, entre las que destacaba el paso de los retales, en al que no cabía en un principio la saca que llevábamos…

 

Esta cueva fue mucho más bonita que la anterior y con pasos de todo tipo, en total rondamos las 7 horas de actividad, ya que éramos 7 personas. Tras la cueva unas cervecitas en Casatablas y otra subidita para la cabaña.

El lunes después de comer, vimos la crecida que hubo por todos los sitios y dimos gracias por no pillarnos dentro…y para Cuenca que quedaban muchas horas de viaje!

Aún nos quedan muchas cosas que hacer por allí, así que esperemos volver pronto, y a ver si cae alguna travesía (con mejor tiempo claro).